LA ESPAÑA DESPOBLADA EXIGE COMPENSACIONES POR SUS BENEFICIOS AMBIENTALES

Las patronales de Cuenca, Soria y Teruel promueven un informe que cuantifica la producción de energías renovables, el “almacenamiento” de CO2 y el potencial de una economía circular en territorios que aglutinan el 16% de la superficie agraria y forestal de España.

La despoblación es una lacra que afecta a más de la mitad de la superficie nacional: cerca del 45% de los municipios españoles se encuentra en una situación grave o muy grave, y más del 70% de la población reside en menos del 30% de la superficie nacional. Los datos que aporta cada año el Instituto Nacional de Estadística (INE) corroboran la sangría de habitantes en buena parte de la España interior, lo que ha provocado intensas movilizaciones que han derivado en el acceso del declive demográfico a la agenda institucional. A las conocidas reivindicaciones alrededor del reequilibrio territorial y la corrección de la brecha de desigualdad entre corredores urbanos y áreas rurales se suma ahora la exigencia de compensaciones por parte de Cuenca, Soria y Teruel, provincias con una densidad de población de menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado.

El último informe de la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA), un grupo promovido por las organizaciones empresariales de estas tres provincias, sitúa a Cuenca, Soria y Teruel como territorios “donantes de vida”, dado que sus beneficios ambientales y sociales se propagan a toda la sociedad.

El estudio Externalidades medioambientales que aporta el medio rural y el impacto que sobre ellas puede tener la despoblación, presentado el pasado martes en la sede de la CEOE en Madrid, hace hincapié en la producción de energías renovables en estos tres territorios, además del “almacenamiento de CO2” y una “superficie de disfrute” -espacios naturales- cinco veces mayor que la media española. Estas provincias, se apunta en las conclusiones, “gozan de una alta potencialidad para el desarrollo de una economía circular, sostenible y basada en el contacto con la naturaleza”, en la medida que aglutinan el 16% de la superficie agraria y forestal del conjunto del país.

María Ángeles Fernández, secretaria general de la patronal soriana FOES, asegura a EL MUNDO que el objetivo de este documento, elaborado por un grupo de especialistas coordinados por la consultora forestal Adela Trassierra, pasa por “reconocer el beneficio que aportan las tres provincias para posicionar a nuestros territorios como zonas cercanas a la neutralidad de emisiones”, en consonancia con el Pacto Verde Europeo y con el proceso de transición ecológica en la Unión Europea.

“La boina de Madrid, y digo Madrid porque es el ejemplo extremo, no por nada más, llega hasta Soria. Tiene que calar la idea de que los problemas de contaminación y de movilidad en Madrid no se resuelven solo en Madrid, sino afrontando la despoblación en las áreas afectadas por el reto demográfico. La sociedad debe tomar conciencia de esto. No solo porque sea necesario para la preservación de la naturaleza, sino para apoyar a los custodios del territorio”, recalca Fernández. “Los montes necesitan personas que los cuiden. A mucha gente le gusta ir de fin de semana o de vacaciones al pueblo, pero para eso necesitamos que viva gente en los pueblos durante todo el año y que cuide del entorno. Así que de la misma manera que se concede una prima de inversiones a las regiones más pobladas y con mayor peso en el PIB, también deberían cuidarse a las provincias con menos vecinos”.

Además de acreditar el riesgo de extinción por la merma de habitantes, los autores del informe recomiendan potenciar “los servicios ecosistémicos”, incluida la mejora de la calidad del aire o el almacenamiento de CO2. Cuenca, Soria y Teruel producen casi el 6% de las energías limpias de España, capturan 244 millones de toneladas de dióxido de carbono y disponen de 45 hectáreas de superficie por habitante, cinco veces más que en las provincias urbanas. “No somos un desierto, tenemos 800 millones de árboles“, precisa Fernández.

Este diagnóstico ha llevado a las organizaciones empresariales conquense, soriana y turolense a unir esfuerzos para exigir compensaciones económicas por unos beneficios ambientales que cuantifican en 1.330 millones de euros al año. La directiva de la patronal de Soria enfatiza que “el medio rural aporta mucho a la conservación de biodiversidad y a los efectos del cambio climático, pero no se trata tanto de reducir los impactos negativos en el medio ambiente como de potenciar los efectos positivos”.

Esto quiere decir que el objetivo no solo pasa por premiar las medidas correctoras que faciliten la transición ecológica sino de incentivar a aquellos territorios que más aportan a la hora de afrontar este desafío. “No es cuestión solo de recibir dinero, sino de sensibilizar a la sociedad sobre este tema”, advierte Fernández.

Para ello, las patronales de tres de las provincias menos pobladas del país ponen encima de la mesa una serie de medidas. Entre ellas, la articulación de una fiscalidad diferenciada -una demanda histórica de estas entidades-, la dotación de infraestructuras y el fomento de la cooperación público-privada para facilitar la creación de empleo verde y de calidad. También la creación de un fondo de compensación finalista, sustentado no solo con recursos públicos sino con la aportación de empresas que contribuyan a revertir el impacto de su actividad en la atmósfera.

Fernández puntualiza que “en Kyoto y en otros acuerdos internacionales en el marco del cambio climático quedó claro que quien contamina, paga. Pero no está claro que quien descontamina, reciba. Una parte del programa europeo de recuperación debería destinarse a estas zonas”.

Cabe recordar que las provincias que impulsan estas propuestas forman parte del epicentro de la despoblación en España. Cuenca, Soria y Teruel apenas alcanzan los 12, nueve y ocho habitantes por kilómetro cuadrado, respectivamente. A causa del abandono rural, tal como concluye el mencionado informe, los servicios de regulación de los ecosistemas mejoran por el incremento de la superficie y espesura de los bosques y matorrales.

Por otro lado, el decaimiento de la ganadería extensiva “contribuye a la homogeneización del territorio y a la pérdida de la diversidad paisajística, específica y genética tanto de especies vegetales como animales”. La investigación pone el acento en la necesidad de “cuidar los bosques” al ser “los únicos sumideros de carbono gestionables” y ser clave “para la bioconstrucción por su naturaleza renovable, carbono-neutral, aislamiento, reciclabilidad y sismo-resistencia”.

 

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